Hoy, 7 de julio -San Fermín-, encajan perfectamente los textos argumentativos antitaurinos de estas dos alumnas.
Todos los años, el 7 de julio, comienzan los famosos encierros de los sanfermines, donde se acaba con la vida de decenas de toros. Las corridas de toros tienen una larga tradición en España. En principio, esta fiesta es considerada un arte, pero no considero este término apropiado al acto de matar y torturar a un animal. Tampoco es correcto denominar al animal “bravo” cuando está drogado, confuso, y físicamente debilitado, ya que, antes de que el torero salga a rematar la faena, pasan por allí varias personas que hacen correr al animal hasta que queda exhausto. Cuando el animal ya está cansado se le acercan los picadores, hombres sobre caballos con los ojos vendados, y atacan al animal clavándole picas en zonas donde pueda perder abundante sangre, y le dificultan que pueda volver a levantar la cabeza. Después sigue la masacre con las banderillas. Finalmente, se vuelve a hacer correr al toro hasta que aparece el torero y acaba con su vida de una vez.Y si aun así, viendo esta barbarie, hay gente que sigue pensando que es una tradición y un arte respetable, a esas personas les digo: si todos tenemos el derecho a la vida, ¿por qué los toros no?, no son personas, pero también respiran, comen, duermen, se relacionan, se reproducen y, lo más importante, sienten y sufren. Así que recapaciten: la próxima vez que vayan a una plaza de toros piensen bien si están gastando su dinero en algo respetable y moral.
Elena Blanco, 4º A
En Albacete, medio centenar de activistas antitaurinos protagonizaron un acto contra las corridas de toros, en el que se exhibieron semidesnudos, con banderillas simuladas clavadas en la espalda y cubiertos de sangre ficticia. La protesta se llevaba a cabo en plena feria taurina. Cada vez hay más voces contra las corridas de toros, fiesta que considero de una gran crueldad.Todos los animales matan sólo por supervivencia, tanto para alimentarse como para defenderse; el hombre es el único que mata por placer, por diversión. Es cierto que se trata de una tradición muy arraigada en España, pero ninguna tradición puede justificar la barbarie. De hecho, están prohibidas las peleas de gallos y las de perros.
Algunos afirman que hay miles de familias que viven de los toros, pero también hay muchos trabajadores que dependen de la construcción y que, debido a la crisis, tendrán que reconvertirse; y otros, que dependían de la minería, tuvieron que hacerlo en su momento.
Se argumenta también que, sin las corridas, el toro bravo se extinguiría. Pues que aprendan de lo que han hecho en África con los elefantes o en China con el oso panda.
En definitiva, considero que las corridas de toros son una salvajada que no se puede sostener con ningún argumento.
Fouzia Dhaybi, 4º A










Me levanté del suelo y fui a la pastelería. Era bastante grande y las vitrinas estaban llenas de pasteles.


Un día cambio mi vida totalmente. Nico se puso enfermo, tenía fiebre y vomitaba, pero aun así, Vladimir le obligó a trabajar todo el día. Ese día no conseguí más de cien euros, por lo que no nos dio de cenar y Nico empeoró. No dormí nada en toda la noche, pues estuve a su lado todo el rato. Esa noche tan larga me sirvió para darme cuenta de muchas cosas; una de ellas fue que odiaba a Vladimir, otra que odiaba mi "trabajo" por así decirlo, pero lo más importante, fue que me di cuenta de que no era feliz, que mis hermanos sufrían y que tenía que hacer algo para escapar de esta pesadilla. Así que pensé en un plan que era muy arriesgado. Consistía en saber donde guardaba Vladimir el dinero que yo traía a casa, robárselo y echarle un anzuelo, al que seguro que picaría, pues está muy obsesionado con el dinero.
Así que lo hice. A la mañana siguiente me fui, como siempre a robar. Al caer la noche, fui a casa. Esta vez si conseguí más de trescientos euros, como había planeado. Le di el dinero a Vladimir, este nos dio la cena y dijo que nos metiéramos en la habitación. Así lo hicimos, pero, antes de llegar, tiré el vaso de agua haciendo que pareciese un accidente. Enseguida me ofrecí a recogerlo y Vladimir aceptó y se fue al salón, con el dinero. Le seguí y vi que lo metía en un sobre, dentro de un cajón. Terminé de limpiar y fui a cenar. Cuando terminé, me acosté. Al día siguiente me levanté antes que Vladimir, cogí el sobre con el dinero y fui a la calle. Dejé que pasase el tiempo y cuando abrieron las tiendas entré en una joyería. 

Los primeros momentos son de incredulidad; después vienen la lógica incertidumbre y el vértigo ante lo desconocido. Pasan unos días y ya lo asumes: es definitivo; es la hora de marcharse.
























