viernes, 2 de abril de 2010

LAS SIETE PALABRAS

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Haydn y la Santa Cueva de Cádiz

En 1786, la Cofradía de la Santa Cueva de Cádiz le pidió al músico austriaco Joseph Haydn una obra para acompañar la liturgia de la celebración de Las Siete Palabras que tenía lugar cada Viernes Santo en su Oratorio. La obra en principio fue concebida para orquesta, aunque es su transcripción para cuarteto de cuerda la más conocida e interpretada.

Pues todos los años, el Viernes Santo, se repite el milagro. Se nos ofrece la oportunidad de escuchar esa magnífica obra justo en el lugar para la que fue compuesta. El lugar es sobrecogedor: la capilla baja del Oratorio, austera, presidida por un impresionante clavario de tamaño natural esculpido en mármol por los artistas italianos Vaccaro y Gandolfo. Era un lugar dedicado al recogimiento y la meditación, y contrasta con la capilla alta, dedicada al Santísimo Sacramento, y ricamente ornamentada. La concepción de ambos espacios y su decoración tiene un valor simbólico.

En el espacio suena la música –maravillosa- y a eso se añaden esas Siete Palabras –en realidad son siete oraciones- que, según los evangelistas, pronunció Cristo en la cruz, y que, independientemente de las creencias, tienen una fuerte carga dramática. Un sacerdote recuerda las “Palabras” entre los movimientos de la composición. Algunas estremecen: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Elli, Elli lama asabthani), "Tengo sed" (Sitio), "Todo está consumado" (Consumatum est). Qué concentración de dolor y soledad.

Os dejamos aquí un vídeo con imágenes del Viernes Santo de 2009 y el sonido del último movimiento, «Terremoto».



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Si alguna vez estáis en esta hermosa ciudad un Viernes Santo, no os lo perdáis, sea cual sea vuestro credo o, incluso, si sóis descreídos. Absténganse los insensibles.
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