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lunes, 14 de marzo de 2011

CUENTOS Y LEYENDAS DEL MUNDO

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HISTORIA DE UN CRISTIANO

Había una vez un cristiano que se llamaba Bacanza. Era un hombre fiel a Dios y respetuoso con él, por eso siempre hacía cosas que agradaran a Dios.
Un día llegaron unos colonizadores belgas y cogieron a Bacanza para venderlo como esclavo, y quisieron obligarle a hacer cosas que no eran del agrado de Dios, pero el cristiano no quería hacerlas; así que, cada vez que se negaba, le pegaban muy fuerte. Lo torturaron hasta que murió, y todo por no obedecer y no blasfemar contra Dios.
Mucho tiempo después de su muerte, lo proclamaron santo por mantenerse fiel a Dios a pesar del sufrimiento que le causaron.

Historia aportada por Clement Mbowa (República del Congo). El ilustrador nos ha fallado, así que hemos recurrido a una imagen de Internet.

PEPITO


-Pepito, ve a comprar carne, que voy a hacer sancocho –dijo la mamá de Pepito.

-Sí, mami, ya voy –contestó el muchacho.


En el camino, Pepito se encontró con sus amigos. Mientras hablaban, a uno se le ocurrió la idea de comprar chucherías, y como Pepito era el de los cuartos, pues le tocó pagar. Se le fueron 50 pesos y Pepito estaba muy preocupado porque no podía comprar la carne. Entonces se le ocurrió ir al cementerio y le cortó un trozo de muslo a un muerto. Llegó a su casa, le entregó la carne a su mamá y se fue. Cuando el sancocho estaba listo, su mamá lo llamó.

-Pepito, ven a comer.

-No, mami, yo no quiero comer –respondió Pepito.

Toda la familia estaba de visita y todos comieron del sancocho. En la noche, Pepito ya acostado escuchó una voz que decía:

-Pepito, estoy saliendo de mi tumba. Pepito, ya salí. Pepito, voy camino de tu casa. Pepito, ya estoy entrando a tu casa. Pepito, estoy en la sala. Pepito, voy subiendo las escaleras. Pepito, voy por el cuarto de tu mamá. Pepito, voy por el cuarto de tu tía. Pepito, voy por el cuarto de tu abuela. Pepito, voy por el cuarto de tus primos. Pepito, voy llegando al tuyo. Pepito, voy entrando. Pepito, estoy cerca de tu cama. Pepito, estoy quitando el mosquitero. Pepito,… ¡Ya te agarré!

Cuento aportado por Cynthia (República Dominicana). Dibujo de
Ewelina (Polonia)
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miércoles, 23 de febrero de 2011

CUENTOS Y LEYENDAS DEL MUNDO

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EL BEDUINO ENAMORADO

Un joven beduino, vagando en el desierto, vino a parar cerca de un pozo, junto al cual se encontraba para sacar agua una muchacha guapa como la luna llena. El joven beduino se le acercó y le dijo:

-¡Estoy perdidamente enamorado de ti!

-Cerca de la fuente hay otra muchacha tan guapa, que yo no soy digna de ser tu mujer.


El joven beduino giró la cabeza y buscó con la mirada a esa otra joven hermosa, pero no había nadie. La joven, entonces, le dijo:


-¡Qué hermosa es la sinceridad y qué fea es la mentira! Dices amarme y ha bastado que yo te hablara de otra mujer para hacerte girar la cabeza y buscarla desesperadamente.

Cuento aportado por Mohammed Said El Moussaoui (Marruecos). Dibujo de G.A. (España).

LA LLORONA

Había una vez una muchacha que era pobre y un joven rico que se enamoraron y, a pesar de las diferencias sociales, se casaron. Durante bastantes años vivieron felices y tuvieron tres hijos. El marido guardaba la llave de la despensa, donde guardaban los alimentos y el dinero, y nunca quiso darle la llave a su mujer.

Un día el marido cayó enfermo, tras varios días de enfermedad, murió. La mujer quedó muy triste y se puso a buscar la llave por todas partes, pero no la encontró. De la noche a la mañana, se convirtió en una mujer viuda, pobre y con tres hijos que sacar adelante. Su pena era tan grande que ni siquiera podía salir a buscar trabajo o a pedir para mantener a sus hijos. Por eso, un día les dijo a los niños que se iban a ir de excursión al campo. Los hijos se pusieron muy contentos y se fueron con su madre a un lugar cerca de un lago. Allí corretearon y cogieron manzanas de un árbol para comer.

La madre los miraba con mucha pena porque sabía que no podía mantenerlo como ella quisiera, así que, con mucho dolor de su corazón, los tiró al lago. Los niños gritaban y gritaban diciendo: «¡No, mamá, no mamá, por favor!». Hasta que se ahogaron.

La mujer quedó traumatizada por los gritos de sus hijos, y desde entonces todas las noches va por las calles llorando y gritando: «¿Dónde están mis hijos?, ¿dónde están mis hijos?»; y a todo niño que encuentra se lo lleva al lago y lo tira allí, donde tiró a sus propios hijos.

Leyenda aportada por Mishell Vargas (Ecuador). Dibujo de Mohamed Said El Moussaoui (Marruecos).

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miércoles, 16 de febrero de 2011

CUENTOS Y LEYENDAS DEL MUNDO

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EL CABALLO

Un califa de Bagdad llamado Al-Mamun poseía un hermoso caballo árabe del que estaba encaprichado el jefe de una tribu llamado Omah. Éste le ofreció un gran número de camellos a cambio del caballo, pero Al Mamun no quería desprenderse del animal. Aquello encolerizó a Omah de tal manera que decidió hacerse con el caballo fraudulentamente.


Sabiendo que Al-Mamun solía pasear con su caballo por un determinado camino, Omah se tendió junto a dicho camino disfrazado de mendigo y simulando estar muy enfermo. Como Al-Mamun era un hombre de buenos sentimientos, al ver al mendigo sintió lástima de él, desmontó y se ofreció a llevarlo a un hospital.

«Por desgracia», se lamentó el mendigo, «llevo tres días sin comer y no tengo fuerzas para levantarme».

Entonces, Al Mamun lo alzó del suelo con mucho cuidado y lo montó en su caballo, con la idea de montar él a continuación. Pero en cuanto el falso mendigo se vio sobre la silla, salió huyendo al galope, mientras que Al Mamun corría detrás de él y le gritaba que se detuviera.
Una vez que Omah se distanció lo suficiente de su perseguidor, se detuvo y empezó a hacer caracolear al caballo.


«¡Está bien, me has robado el caballo!», gritó Al-Mamun. «¡Ahora sólo tengo una cosa que pedirte!».

«¿De qué se trata?», preguntó Omah también a gritos.

«¡Que no cuentes a nadie cómo te hiciste con el caballo!».

«¿Y por qué no he de hacerlo?».

«¡Porque quizás un día puede haber un hombre realmente enfermo tendido junto al camino y, si la gente se entera de tu engaño, tal vez pase de largo y no le preste ayuda!». .
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Cuento aportado por Azzadine Faress (Marruecos). Dibujo de Mishell Vargas (Ecuador).


LA VIUDITA

Por el año 1834 no se hablaba en Arequipa de otra cosa que de la Viudita, y se contaban sobre ella cuentos espeluznantes. La Viudita era la pesadilla de la ciudad entera.
Era el caso que, al lado del hospital de San Juan de Dios, había un chiribitil conocido como el de profundis porque en él permanecían durante doce horas los cadáveres de los fallecidos en el asilo. Siempre había allí un ataúd alumbrado por cuatro cirios, y los transeúntes nocturnos echaban una moneda en el cepillo o murmuraban un padrenuestro o un avemaría por el alma del difunto.


Pero en 1834 empezó a correr la voz de que, después de las diez de la noche, salía del cuartito de los muertos un bulto vestido de negro que tenía forma de mujer. Decían que salía en cuanto sentía pasos varoniles por la calle y que, con una linterna, iluminaba el rostro del transeúnte como quien hace un reconocimiento. Luego se volvía a esconder en el de

profundis.
Con esta noticia, confirmada por varios hombres que habían sufrido la inspección de la Viudita, nadie se sentía ya con hígado para pasar por San Juan de Dios después del toque de queda. Hubo más: un buen hombre, llamado don Valentín Quesada, que –a pesar de su nombre- no fue nada valiente y casi murió del susto.


En vano la autoridad dispuso la captura del fantasma, ya que no encontraron a nadie con el suficiente coraje para hacerlo. Los de la ronda no se aproximaban ni a la esquina del hospital, y cada mañana tenían que inventar una mentira para disculparse ante su jefe, como que la Viudita se les había vuelto humo entre las manos o cualquier paparrucha por el estilo. Con todo esto, el terror del vecindario iba en aumento.

Al final, el general don Antonio Gutiérrez de la Fuente, que era el prefecto del departamento, decidió no fiarse más de policías embusteros y cobardones, y enfrentarse personalmente con la Viudita. Así que, una noche, se embozó en su capa y se encaminó a San Juan de Dios. Cuando le faltaban pocos pasos para llegar al chiribitil mortuorio, se presentó el fantasma y le iluminó el rostro con la luz de la linterna. El general sacó su pistola y, avanzando sobre la Viuda le gritó:

-¡Ríndete o hago fuego!

El alma en pena se atolondró y corrió a refugiarse en el ataúd alumbrado por los cuatro cirios. El general entró en el mortuorio y echó la zarpa al fantasma, quien cayó de rodillas y, quitándose un rebociño que le cubría el rostro, exclamó: "¡Por Dios, señor general, sálveme usted!"

El general La Fuente, que tuvo en poco al alma del otro mundo, tuvo en mucho al alma de este mundo. ¡La Viudita era…, era… una lindísima muchacha!

-¡Caramba! –dijo para sí La Fuente –si todas las ánimas benditas del Purgatorio son tan preciosas como ésta, mándame Dios allá. Luego añadió, ya en voz alta:

-Tranquilícese, niña. Apóyese en mi brazo y véngase conmigo a la prefectura.

Ambos se perdieron por las callejas oscuras y nunca nadie volvió a ver al general ni a la Viudita.


Leyenda peruana aportada por Rafael Isai Roca (Bolivia). Dibujo de Clement Mbona (República del Congo)
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miércoles, 9 de febrero de 2011

CUENTOS Y LEYENDAS DEL MUNDO

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Los alumnos de 2º de la ESO han de familiarizarse con el género narrativo y sus subgéneros, como son el cuento y la leyenda. Para ello, han tenido que buscar narraciones típicas de sus países. La fuente tenía que ser preferentemente la familia (madres, abuelas, tías...) de no poder ser..., pues siempre queda Internet. Después, los alumnos se han intercambiado las narraciones y cada uno ha tenido que ilustrar la de un compañero. Hoy os empezamos a mostrar el resultado. Ya iremos publicando los demás.

LAS PRINCESAS DELICADAS

Había una vez tres princesas llamadas Susana, Juana y Ana que eran muy altas, guapas y sanas, y siempre estaban muy alegres y con ganas de jugar y divertirse. Sus padres, los reyes, estaban muy contentos con sus tres hijas porque nunca se ponían enfermas. Pero, de repente, un día, sin que nadie pudiese explicar la causa, las tres princesas se volvieron muy delicadas.

La princesa Susana, la mayor de todas, estaba paseando tranquilamente por el jardín del palacio, cuando unos pétalos de rosas la rozaron ligeramente en la cabeza, y la princesa cayó al suelo desmayada con un enorme chichón. Los médicos pudieron curarle aquel golpe, pero la princesa quedó delicada para siempre.
Otro día, la segunda princesa, Juana, se despertó con una gran herida en la espalda. Cuando buscaron la causa de la herida, descubrieron que había sido provocada por una pequeña arruga de las sábanas. Los médicos pudieron curar la herida, pero la princesa Juana quedó delicada para siempre.

Entonces los reyes, muy asustados, decidieron construir una urna de cristal para meter en ella a la princesa Ana, la más pequeña y hermosa de las tres princesas. En el salón más grande del palacio, los ingenieros reales construyeron en pocos días una enorme urna con las paredes y el techo de cristal. Dentro vivía la princesa y no la dejaban salir. Los reyes llegaron a pensar que a su hija pequeña no le iba a pasar nada y que no se haría delicada.
Pero un día entró en la urna un pequeño mosquito, y con el aire producido por el movimiento de sus alas se resfrió la princesa. Los médicos pudieron curar el resfriado, pero la princesa Ana quedó delicada para siempre. Todavía los reyes no se han puesto de acuerdo sobre cuál de sus hijas es la más delicada.

Aportado por G. A. (España). Dibujo de Azzadine Faress (Marruecos)

EL DRAGÓN DE CRACOVIA

Había una vez un castillo llamado Wawel, que se encontraba en Cracovia, a la orilla del Vístula. En él vivía un rey con su hija la princesa, y estaban aterrorizados por un dragón, cuyo nombre era… Bazyliszek. Este dragón vivía en una cueva al lado del castillo, y se comía a todo el que pillaba.


Pasado un tiempo, el rey organizó una batida contra el terrible dragón, y quien fuera tan valiente de matarlo, se casaría con la mismísima hija del rey. Caballeros de todo el mundo viajaron para vencer al terrible animal, pero, lamentablemente, todo el que se acercaba a la cueva del dragón era devorado por él. Hasta entonces, nadie había conseguido vencerlo.
Mientras tanto, en el pueblo había un joven y débil muchacho, que era zapatero, al que se le ocurrió la idea de que él podía matarlo. El pequeño zapatero fue al castillo y se presentó ante el rey y le dijo que él era capaz de vencer al dragón. La gente que lo escuchaba se reía de él, pero el rey, muy extrañado, le concedió el permiso.
El zapatero, de inmediato, se fue al mercado a comprar una oveja, la mató, le llenó la barriga de pólvora y la cosió. Al oscurecer, el joven zapatero dejó la oveja frente a la cueva del dragón y se fue.

Cuando ya era de día, al dragón Bazyliszek le entró apetito y salió de la cueva para buscar comida. Se encontró la oveja y de un gran bocado se la comió. Al animal le empezó a escocer la garganta y se fue corriendo a beber agua del río. Bebió y bebió hasta que… ¡bum!, reventó. Entonces el pequeño zapatero se casó con la princesa y vivieron felices para siempre.

Cuento aportado por Ewelyna Sega (Polonia). Dibujo de Rafael Isai Roca (Bolivia)
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