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domingo, 20 de enero de 2013

HACE 20 AÑOS... AUDREY HEPBURN: EL SABER ESTAR Y LA ELEGANCIA

Hace 20 años murió Audrey Hepburn. Yo tenía 20 años. Recuerdo que ya entonces escribí una página en homenaje a la que era, ha sido y será para siempre mi actriz favorita. Soy fiel a mis sentimientos; nunca la traicionaré... Su último papel fue con Spielberg haciendo de ángel. No es su mejor película, pero reflejaba bastante bien una imagen típica de Audrey. Su vida fue complicada; infancia durante la segunda guerra mundial, un padre que abandonó a su madre y a ella, delgadez extrema -algunas biografías hablan de anorexia o bulimia- , una necesidad muy fuerte de dar amor -lo que le llevó a olvidar la salud al final de su vida y a implicarse emocionalmente como embajadora de UNICEF lo que a la postre la condujo a la muerte, ya que por esto se le diagnosticó demasiado tarde un cáncer en fase terminal. Si su vida fue interesante y estuvo a la altura, mucho más lo fueron sus películas. Tras papeles secundarios, entró con fuerza en Vacaciones en Roma. Ella es la protagonista; ganó un Oscar, el único que obtuvo.

 

 A partir de aquí, supo elegir muy bien los papeles que quería. Trabajo con grandes actores y directores. En Sabrina, Billy Wilder se "enamoró" de ella.

 Son papeles hechos para ella. Deliciosos.



En Guerra y paz conoció a Mel Ferrer, el que sería su primer marido. Una gran superproducción en la que cada vez que aparece Audrey dices: "¡Maravillosa!"

 

 No hay otra Natasha como ella...

 

Acompañaba a Fred Astaire en Una cara con ángel de Stanley Donen.

Sola...soñando con ir a París.

 

 Y acompañada... I love your funny face. Es normal. Yo también...

 

En Ariane de Billy Wilder con Gary Cooper. Parece que Gary Cooper la va a abandonar en la estación para no volverla a ver nunca más. ¡Quien le culpa de que cambie de opinión! Nuestro buen Billy era un romántico y con Audrey se le notaba y mucho...

 

 Green Mansions es una película fallida de su marido, Mel Ferrer.  La hizo por amor; así que la perdonamos.

 

 En Historia de una monja interpreta con consistencia los dimes y diretes de una monja en estado de duda perpetua.




 Tras estar con John Huston y Burt Lancaster en Los que no perdonan -donde abortó por culpa de la caída de un caballo-



 ...llega Desayuno con Diamantes, "su" película. Fue su gran papel.

 

 En la Calumnia con Shirley Maclaine que hace uno de sus mejores interpretaciones...

 

 ...Audrey es la contención, la serenidad, la esperanza, la libertad... como aparece al final, en los últimos tres minutos de la película, desde el 12:30 al 15:30.

FINAL LA CALUMNIA

Charada es una película de género, una policiaca de Stanley Donen bien dirigida, pero es que además están Audrey y Cary Grant y entonces es una maravilla. Y ellos están de fábula.

 

 En My Fair Lady su interpretación es prodigiosa. Aunque en las canciones está doblada, ella quiso cantar, pero no la dejaron. Aquí tenemos su voz. Es una interpretación vocal cálida, imperfecta... Se prefirió la perfección fría.

 

Un gran talento, Mr Higgins.

  

Pero su mejor interpretación, en mi opinión, -y mira que tiene muchas- es Dos en la carretera de Stanley Donen. Es una película del año 69 que cuenta la vida de un matrimonio a lo largo de diez años: sus comienzos, el enamoramiento, sus crisis de pareja, sus discusiones, el egoísmo de ambos, sus momentos buenos, los malos... todo esto de modo original y divertido utilizando con mucha inteligencia como leitmotiv los viajes a Francia en coche que lleva a cabo la pareja. Y los dos personajes son complejos y atractivos, contradictorios. Y la música de Mancini otra vez acompañándola como nunca...

 

 En Sola en la Oscuridad ella sola sostiene una película.

 

 Entonces decidió abandonar el cine. Sus intervenciones se espaciaron. Pero destaca una de ellas. Sí es cierto que en Todos rieron de Bogdanovich, está muy bien...

 

... pero es Robin y Marian su canto de cisne. Con Sean Connery y dirigida por Richard Lester. Este final siempre me emociona... y me deja con lágrimas en los ojos.

 

 Audrey Hepburn, te amamos y te amaremos más que el cine, porque eres el cine y siempre lo serás.

viernes, 1 de junio de 2012

LOS MESES DEL AÑO EN EL CINE (VI): JUNIO



Después de mayo, el revolucionario mayo, el mes de junio nos parece descafeinado. Los exámenes, las obligaciones, los suspensos, el fin de curso. El calor... Ya no es lo mismo. Pocas películas encontramos de interés.
Hay una española del año 1960 de un argentino llamado Demichelli. Puede que la hayan echado por televisión. El tema: la noche de San Juan que invita a hacer locuras... hasta un límite. Una comedieta de la época...
Hablando de San Juan. El sueño de una noche de verano de Schakespeare ha sido adaptado muchas veces al cine con la sempiterna música de Mendelssohn. Hay una adaptación del año 1999 de Michael Hoffmann. Es aceptable, pero el reparto está muy descompensado y el conjunto flaquea.



Más antigua y más encantadora es la versión de William Dieterle y Max Reinhardt. Es una pequeña delicia en el que encontramos humor y fantasía.



Un acontecimiento que ha dado mucho jugo es el desembarco de Normandía, el 6 de junio de 1944. Y muchas películas, sobre todo americanas, han mostrado el acontecimiento desde diferentes puntos de vista.
Del año 1956 es una de Henry Foster. Puro patriotismo.



Por supuesto, El día más largo de 1962. Dedicas toda la película a buscar a las estrellas que van a ir apareciendo en el metraje. Aquí se pueden ver algunas de ellas.




Un gran espectáculo, sin duda, que intenta ofrecer todos los puntos de vista posibles. Hollywood en estado puro. Palomitas y a disfrutar.



Salvar al soldado Ryan es la típica película de Spielberg. Que sí, que es un buen director, -reconozco sus virtudes, que las tiene- pero a veces te hartas de sus muchos defectos, entre ellos, una cargante sensiblería. Para quien la soporte, aquí tiene la película completa.



Voy a mencionar dos películas que, aunque no aparece Normandía en ellas, sí tratan de la segunda guerra mundial desde otro punto de vista, mucho más crítico, más reflexivo, más ambiguo.

El primero es la de Clint Eastwood. Uno de los grandes. Digno heredero de John Ford. En Banderas de nuestros padres se pregunta si la mentira o las medias verdades son validas en una guerra. La famosa fotografía de Iwo Jima sólo es una excusa para profundizar en las contradicciones humanas de sus personajes.



La cruz de Hierro de Sam Peckinpah es también muy interesante. Es cierto, es en el frente ruso donde suceden los hechos, pero me viene muy bien para hablar de otro director que nos ofrece una visión de la guerra muy diferente. El punto de vista es el de unos soldados alemanes que están hartos de todos y de todo. Y la visión de Peckinpah -uno de los mejores en reflejar la violencia y sus consecuencias- es pesimista y, al contrario que Spielberg, nada sensiblera ni patriótica.



La guerra, diría Peckinpah, es una mierda y punto.

Hablemos de John Ford. Es un día caluroso de junio cuando Liberty Valance es asesinado por el hombre que mató a Liberty Valance. El final de la película es triste, melancólico; la verdad no interesa y no hace felices a los personajes, sino desgraciados.



Para terminar recordemos que las vacaciones están a punto de llegar. En 1969 Stanley Donen dirigió un guión maravilloso, uno de los mejores que conozco, de Frederic Raphael. Sus protagonistas son Audrey Hepburn y Albert Finney. Es una película perfecta. Todo funciona a las mil maravillas. Cuenta la vida de un matrimonio a lo largo de diez años: sus comienzos, el enamoramiento inicial, sus crisis de pareja, sus discusiones, el egoísmo de ambos, sus momentos buenos, los malos... todo esto de modo original y divertido utilizando con mucha inteligencia como leitmotiv los viajes a Francia en coche -a veces de vacaciones; a veces por razones de trabajo- que lleva a cabo la pareja. Y los dos personajes son complejos y atractivos, contradictorios. Y te ríes y lloras con ellos. Y la música de Mancini acompañandolos...

 

 Pues eso, que las vacaciones ya están aquí.
Hasta julio.

miércoles, 28 de marzo de 2012

LENGUA Y CINE: SABRINAS

Las SABRINAS, como mucha gente sabe, son unos zapatos de mujer sin tacón y con la puntilla con escote redondeado, tipo salón. También se conocen con el nombre de “bailarinas” o “manoletinas”. Todos las reconoceréis porque últimamente están de moda. El primer nombre es por su parecido con el calzado que suelen usar las bailarinas; y el segundo, por ser similares al utilizado por los toreros, de los que Manolete (1917-1947) parece ser el paradigma.

Si buscamos en el diccionario de la RAE, encontramos en las entradas “bailarina” y “manoletina” la referencia a este tipo de calzado femenino, pero no aparece “sabrina”. Sin embargo, si ponemos en Imágenes de Google la palabra, no hay duda: aparecen los citados zapatos, y Google es ya casi autoridad académica . Parece que todavía tiene vigencia la palabra, pero no sabemos cuánto va a durar.




Pues bien, esas “sabrinas” deben su nombre a una película, Sabrina, y, sobre todo, a su actriz protagonista: Audrey Hepburn.

Sabrina es una deliciosa comedia dirigida por Willy Wilder (1906-2002) en 1954. La película nos cuenta los sueños y la vida de Sabrina, la hija de chófer británico de los ricos y poderosos Larrabee. La joven, enamorada desde niña del joven y frívolo David Larrabee, es enviada a París para que se labre un futuro. Vuelve hecha una mujer elegante y seductora que sigue enamorada del menor de los Larrabee, quien, por fin se fija en ella. Pero Linus Larrabee, el hermano mayor, no está dispuesto a permitir esa historia de amor.



La encantadora Audrey Hepburn es Sabrina, y la acompañan en el reparto Humphrey Bogart y William Holden. No es la mejor película de Wilder: fue un encargo de Hollywood, más impuesto que deseado; el guión se iba escribiendo a medida que avanzaba la película y nadie, ni siquiera el director, tenía claro el final; Bogart no se llevaba bien con sus compañeros, no se sentía cómodo en un papel tan alejado del “duro” al que estaba acostumbrado; la joven y angelical Audrey parece que fue seducida por el donjuán Holden... Hubo peleas, discusiones y alcohol, mucho alcohol. Wilder recordaba el rodaje como una pesadilla.

A pesar de todo, la película es encantadora, y en ella aparecía Hepburn con ese tipo de calzado, por lo que se le adjudicó el nombre del film. Por otra parte, esta actriz apareció en otras películas luciendo esas “sabrinas”, que pasaron a formar parte de su imagen (hoy se dice look), tan de moda actualmente.




Recientemente, se hizo una nueva versión de la película (remake, se dice ahora): Sabrina (y sus amores) (1995) dirigida por Sydney Pollack, con un ya maduro Harrison Ford, Julia Ormond y Greg Kinnear. Una versión correcta que no es más que una modernización de la anterior, a la que sólo añade cierto aire de teleserie americana. Se deja ver, nada más.


En fin, ya sabéis de dónde viene ese nombre de “sabrinas”. No creo que la palabra perviva mucho tiempo en nuestra lengua, así que aquí dejo constancia de su paso y larga estancia (lleva con nosotros más de cincuenta años).

María Moulinex

domingo, 8 de enero de 2012

LA CALUMNIA (THE CHILDREN HOUR)

Lillian Hellmann, William Wyler, Audrey Hepburn, Shirley Maclaine.
Cuatro nombres que han dado vida a una historia. Una escritora comunista y neoyorquina, un director de cine artesano, dos grandes actrices. Y la música de Alex North.
Es Hollywood en estado puro, porque también el buen Hollywood es capaz de emocionarnos.
Hace 50 años se estrenó esta película, el mismo año -año dorado- que West Side Story, Desayuno con diamantes, la Dolce Vita, el Buscavidas...
No es tan conocida como éstas, pero a mí me emociona mucho más, me llega más adentro, en un lugar tan íntimo del corazón que no soy capaz de comprenderlo...
Hace unos años en un cuento escribí un "happy end" para estos dos personajes. ¡Tanto deseaba que pudieran tenerlo! Soy fiel a mis recuerdos...




¿El punto de partida? Una obra de teatro estrenada en los años treinta en Nueva York basada en un hecho real de principios del siglo XIX. Una mentira, una injusticia que afecta a dos vidas, una historia de amor y amistad, un acto final de libertad y dignidad.
Aún tengo en el estómago el dolor y la tristeza de "La Calumnia" y su carga política.
¿Por qué cada vez que la veo, estos dos personajes me parecen tan cercanos, mientras me son tan lejanos personas a las que veo todos los días?

Te hiere en lo más profundo la sincera e inútil -al no poder ser correspondida- declaración de amor de Martha (Shirley Maclaine) a Karen (Audrey Hepburn)...





Se te clava en la memoria la tristeza de Martha (Shirley Maclaine) -con qué sencillez y ternura lo hace William Wyler- mientras Martha contempla desde una ventana -desde el minuto 4- por última vez, alejándose, a Karen (Audrey Hepburn), a la mujer a la que ama, con lágrimas en los ojos corre la cortinilla... ¡Cuánto nos dice un rostro y una gran actriz sin pronunciar ni una sola palabra de su desesperación, de su amor por Karen y por la vida...!





No olvido la hipocresía de una clase social privilegiada que desprecia a dos maestras y cree más a una niña rica y malcriada -no es baladí esto en Lillian Hellmann- que a dos trabajadoras honradas.
No olvido el orgullo y la dignidad, la esperanza y la entereza que el rostro, el primer plano final de Karen nos grita a la cara.





Necesitamos muchas palabras; a veces necesitamos demasiadas... para decir lo mismo que un rostro. Un rostro, éste, que nos dice sin palabras: "¡Gracias a ti, Martha, estoy viva y soy libre!"

Santiago Martín Solera

viernes, 4 de noviembre de 2011

50 AÑOS DE DESAYUNO CON DIAMANTES

Nueva York a primera hora de mañana. Suena la música de Mancini. Una chica joven –Audrey Hepburn- baja de un taxi. Las calles están vacías. Lleva un vestido negro, elegante y un collar de perlas que no es suyo; se nota que ha estado toda la noche de fiesta en fiesta. Se acerca a un escaparate: es el de Tiffany`s. Su intención es contemplar unas joyas carísimas mientras – ¡sorpresa! - saca de una bolsa de papel un cruasán y un café como si tal cosa.

Sólo por ese comienzo valdría la pena esta película.




Se cumplen cincuenta años de su estreno.

Está basado en un relato corto de Truman Capote. El autor hubiera deseado que lo interpretara Marilyn Monroe; hubiera sido, sin duda, una película muy diferente. La historia de Capote es la de una prostituta y el tono de la obrita es muy ácido cuando refleja el ambiente en el que él mismo se movía como pez en el agua, pero la adaptación cinematográfica es bien diferente; Blake Edwards traiciona a Capote. Y hace muy bien…

Blake Edwards es uno de los grandes directores de comedia; en la escena del robo en una tienda de todo a cien o el de la fiesta hay dos buenos ejemplos de gran comedia que tendrá una de sus mejores expresiones en otra de sus películas, El guateque.






¿Y cuál es la traición? Elegir a Audrey Hepburn, por supuesto, lo cambia todo. Convierte una historia sórdida e irónica en una tragedia personal con retazos cómicos
geniales; es la vida de un personaje que despierta ternura, que vive en un mundo irreal y fantasioso que no quiere abandonar. ¿Quién no recuerda “sus días rojos”?
¿Quién no los ha tenido? Y el final feliz, por supuesto. Deseamos esos finales felices, aunque no los tengamos, con gato incluido.






Para comprender por qué sigue siendo una gran película por la que no pasa el tiempo, no hay más que ver uno de los momentos más mágicos del cine: Audrey cantando
Moon River. La quisieron doblar, pero, afortunadamente, no lo hicieron. Siempre que la veo –y la he visto cientos de veces-, me emociono.
Sólo un rostro y una canción y unos planos bien elegidos. Sencillo. Lo mejor de la vida casi siempre es así.




Santiago Martín Solera