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miércoles, 28 de marzo de 2012

LENGUA Y CINE - INTRODUCCIÓN

Es curioso, cuando nació el cine como espectáculo, fueron muchos los que auguraron que acabaría con el teatro. Hubo algunos momentos en que pareció que los agoreros tenían razón, pero estamos asistiendo a un resurgir del teatro: algunas salas cinematográficas se están convirtiendo en teatros. En Madrid hay todavía mucha gente que va al cine, pero su número desciende año tras año; en muchos pueblos y capitales de provincias las salas de cine son ya un recuerdo. Bueno, no nos pongamos apocalípticos, el cine no está muriendo, muere la forma de verlo, de llegar al público, pero las historias están ahí –buenas y malas- y la gente las sigue viendo y viviendo.

Pero nosotros vamos a hablar de cuando el cine era la principal fuente de distracción de este país, de cuando el cine era una ventana al mundo, cuyos cristales a veces velaba la censura. Todo lo que allí salía se convertía en modelo, sobre todo lo que tenía que ver con la moda. Recuerdo que mi madre me contaba que había ido con su padre a ver varias veces la película Cómo casarse con un millonario (Jean Negulesco, 1953) porque ella quería hacerse una falda co
mo una que llevaba Lauren Bacall y a mi abuelo, que era ebanista, le habían encargado unas sillas como unas que salían en la película.



Tres imágenes de la película Cómo casarse como un millonario. En
la de la izquierda aparece Lauren Bacall con la falda que copió mi
madre y la silla que le encargaron a mi abuelo.


Muchas formas de vestirse, de peinarse, de decorar las casas llegaron a través de las pantallas, pero también llegaron las palabras y expresiones para nombrar todas esas novedades. Algunas se han quedado en nuestra lengua; otras sólo han estado por un tiempo. A esas palabras vamos a dedicar esta sección de lengua y cine. Irán apareci
endo de vez en cuando. Empezamos hoy con las SABRINAS. Dentro de un rato os lo contamos.

María Moulinex


lunes, 14 de marzo de 2011

CUENTOS Y LEYENDAS DEL MUNDO

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HISTORIA DE UN CRISTIANO

Había una vez un cristiano que se llamaba Bacanza. Era un hombre fiel a Dios y respetuoso con él, por eso siempre hacía cosas que agradaran a Dios.
Un día llegaron unos colonizadores belgas y cogieron a Bacanza para venderlo como esclavo, y quisieron obligarle a hacer cosas que no eran del agrado de Dios, pero el cristiano no quería hacerlas; así que, cada vez que se negaba, le pegaban muy fuerte. Lo torturaron hasta que murió, y todo por no obedecer y no blasfemar contra Dios.
Mucho tiempo después de su muerte, lo proclamaron santo por mantenerse fiel a Dios a pesar del sufrimiento que le causaron.

Historia aportada por Clement Mbowa (República del Congo). El ilustrador nos ha fallado, así que hemos recurrido a una imagen de Internet.

PEPITO


-Pepito, ve a comprar carne, que voy a hacer sancocho –dijo la mamá de Pepito.

-Sí, mami, ya voy –contestó el muchacho.


En el camino, Pepito se encontró con sus amigos. Mientras hablaban, a uno se le ocurrió la idea de comprar chucherías, y como Pepito era el de los cuartos, pues le tocó pagar. Se le fueron 50 pesos y Pepito estaba muy preocupado porque no podía comprar la carne. Entonces se le ocurrió ir al cementerio y le cortó un trozo de muslo a un muerto. Llegó a su casa, le entregó la carne a su mamá y se fue. Cuando el sancocho estaba listo, su mamá lo llamó.

-Pepito, ven a comer.

-No, mami, yo no quiero comer –respondió Pepito.

Toda la familia estaba de visita y todos comieron del sancocho. En la noche, Pepito ya acostado escuchó una voz que decía:

-Pepito, estoy saliendo de mi tumba. Pepito, ya salí. Pepito, voy camino de tu casa. Pepito, ya estoy entrando a tu casa. Pepito, estoy en la sala. Pepito, voy subiendo las escaleras. Pepito, voy por el cuarto de tu mamá. Pepito, voy por el cuarto de tu tía. Pepito, voy por el cuarto de tu abuela. Pepito, voy por el cuarto de tus primos. Pepito, voy llegando al tuyo. Pepito, voy entrando. Pepito, estoy cerca de tu cama. Pepito, estoy quitando el mosquitero. Pepito,… ¡Ya te agarré!

Cuento aportado por Cynthia (República Dominicana). Dibujo de
Ewelina (Polonia)
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miércoles, 23 de febrero de 2011

CUENTOS Y LEYENDAS DEL MUNDO

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EL BEDUINO ENAMORADO

Un joven beduino, vagando en el desierto, vino a parar cerca de un pozo, junto al cual se encontraba para sacar agua una muchacha guapa como la luna llena. El joven beduino se le acercó y le dijo:

-¡Estoy perdidamente enamorado de ti!

-Cerca de la fuente hay otra muchacha tan guapa, que yo no soy digna de ser tu mujer.


El joven beduino giró la cabeza y buscó con la mirada a esa otra joven hermosa, pero no había nadie. La joven, entonces, le dijo:


-¡Qué hermosa es la sinceridad y qué fea es la mentira! Dices amarme y ha bastado que yo te hablara de otra mujer para hacerte girar la cabeza y buscarla desesperadamente.

Cuento aportado por Mohammed Said El Moussaoui (Marruecos). Dibujo de G.A. (España).

LA LLORONA

Había una vez una muchacha que era pobre y un joven rico que se enamoraron y, a pesar de las diferencias sociales, se casaron. Durante bastantes años vivieron felices y tuvieron tres hijos. El marido guardaba la llave de la despensa, donde guardaban los alimentos y el dinero, y nunca quiso darle la llave a su mujer.

Un día el marido cayó enfermo, tras varios días de enfermedad, murió. La mujer quedó muy triste y se puso a buscar la llave por todas partes, pero no la encontró. De la noche a la mañana, se convirtió en una mujer viuda, pobre y con tres hijos que sacar adelante. Su pena era tan grande que ni siquiera podía salir a buscar trabajo o a pedir para mantener a sus hijos. Por eso, un día les dijo a los niños que se iban a ir de excursión al campo. Los hijos se pusieron muy contentos y se fueron con su madre a un lugar cerca de un lago. Allí corretearon y cogieron manzanas de un árbol para comer.

La madre los miraba con mucha pena porque sabía que no podía mantenerlo como ella quisiera, así que, con mucho dolor de su corazón, los tiró al lago. Los niños gritaban y gritaban diciendo: «¡No, mamá, no mamá, por favor!». Hasta que se ahogaron.

La mujer quedó traumatizada por los gritos de sus hijos, y desde entonces todas las noches va por las calles llorando y gritando: «¿Dónde están mis hijos?, ¿dónde están mis hijos?»; y a todo niño que encuentra se lo lleva al lago y lo tira allí, donde tiró a sus propios hijos.

Leyenda aportada por Mishell Vargas (Ecuador). Dibujo de Mohamed Said El Moussaoui (Marruecos).

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viernes, 18 de febrero de 2011

NUESTROS ESCRITORES

MI HISTORIA CON LA HACHE

Esta última semana hemos estado estudiando la hache, esa letra tan silenciosa pero que nos da tantos quebraderos de cabeza. Para llevarnos mejor con ella, la invitamos a clase y le dimos cabida en nuestras historias. Cada chaval tenía que buscar en el diccionario doce palabras con hache y luego tenía que intentar relacionarlas en un cuento corto. Aquí podréis leer las hermosas y honrosas historias que tan hábilmente han inventado.


Héctor es un héroe que salva vidas y hace todo lo posible para que en su ciudad nunca pase nada malo. Os voy a contar una historia de este hábil personaje.
Un hombre estaba harto de vivir en la calle, sin tener nada que comer. Pensaba entrar en casa de un ricachón y cogerle algo de valor. Nuestro héroe se enteró de lo que estaba haciendo este hombre y llegó al hogar del ricachón donde estaba robando el ladrón. Héctor le da una hostia al ladrón y se cae al suelo.
Esta es una de las historias de Héctor, el honroso héroe. Al día siguiente, el héroe, muy orgulloso de su trabajo, decidió descansar hasta que pasara algo malo en su ciudad. Al final se marchó de allí porque ya no pasaba nada malo.

CRISTINA NECHITA 2º B


EL NIÑO MONOHUEVO

Había una vez en un lugar muy lejano una mujer que había tenido seis hijos y uno de ellos tenía solamente un huevo.
Vivían en una casa con mucha humedad y las tuberías están totalmente oxidadas. Tenían un jardín, pero la hierba en vez de ser verde era amarilla porque hacían en ellas hogueras constantemente.
El niño, de nombre Harry, era muy travieso, solía jugar al béisbol con las cabezas de sus hermanos y con barras de hierro. Una vez, caminando por la calle, el niño se encontró una hoja en forma de corazón, la pintó de rosa y se la entregó a su madre.
Él y su amigo Christian fueron enviados en más de una ocasión al correccional por robar cacahuetes en un hipermercado. Pero a su padre le daba igual porque era un borracho que se bebía el alcohol de desinfectar heridas y tenía los pies llenos de hongos.

YASSIR EL HASSOUNI 2ºB

LA NIÑA HELENA

Había una vez una niña húngara huérfana llamada Helena que con sólo 13 años ya había hecho muchas cosas en su vida. Una de ellas era darle relleno a una cabeza hueca o recoger todos los huevos que ponían las gallinas. Después de un tiempo llegó al orfanato una familia de Hungría que quisieron llevarse a Helena, pero ella no quería dejar a todos sus amigos que tenía allí. Tras un tiempo, la familia se la llevaron de excursión al bosque y a la selva, allí vieron hienas, leones, tigres, panteras, halcones. Cuando se volvieron a casa en Huelva, les estaban esperando todos los niños huérfanos de Huelva. Vivieron felices y comieron higos y hortalizas.

WILLIAM APOLO CASTAÑEDA 2º B


HÉCTOR, EL ALCÓHOLICO HÚNGARO HOMOSEXUAL

Héctor era un hombre húngaro, alcohólico y homosexual que habitaba en La Habana, era muy hábil en la caza pero un día unos amigos suyos intentaron quitarle el hábito de beber hablando con él. Él se negó, así que sus amigos hicieron un hechizo a base de sangre de halcón que consiguió que Héctor dejase de beber. Sin embargo, los efectos secundarios hicieron que Héctor muriera a los dos días de hipotermia.

RICARDO MIRANDA 2º B

miércoles, 16 de febrero de 2011

CUENTOS Y LEYENDAS DEL MUNDO

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EL CABALLO

Un califa de Bagdad llamado Al-Mamun poseía un hermoso caballo árabe del que estaba encaprichado el jefe de una tribu llamado Omah. Éste le ofreció un gran número de camellos a cambio del caballo, pero Al Mamun no quería desprenderse del animal. Aquello encolerizó a Omah de tal manera que decidió hacerse con el caballo fraudulentamente.


Sabiendo que Al-Mamun solía pasear con su caballo por un determinado camino, Omah se tendió junto a dicho camino disfrazado de mendigo y simulando estar muy enfermo. Como Al-Mamun era un hombre de buenos sentimientos, al ver al mendigo sintió lástima de él, desmontó y se ofreció a llevarlo a un hospital.

«Por desgracia», se lamentó el mendigo, «llevo tres días sin comer y no tengo fuerzas para levantarme».

Entonces, Al Mamun lo alzó del suelo con mucho cuidado y lo montó en su caballo, con la idea de montar él a continuación. Pero en cuanto el falso mendigo se vio sobre la silla, salió huyendo al galope, mientras que Al Mamun corría detrás de él y le gritaba que se detuviera.
Una vez que Omah se distanció lo suficiente de su perseguidor, se detuvo y empezó a hacer caracolear al caballo.


«¡Está bien, me has robado el caballo!», gritó Al-Mamun. «¡Ahora sólo tengo una cosa que pedirte!».

«¿De qué se trata?», preguntó Omah también a gritos.

«¡Que no cuentes a nadie cómo te hiciste con el caballo!».

«¿Y por qué no he de hacerlo?».

«¡Porque quizás un día puede haber un hombre realmente enfermo tendido junto al camino y, si la gente se entera de tu engaño, tal vez pase de largo y no le preste ayuda!». .
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Cuento aportado por Azzadine Faress (Marruecos). Dibujo de Mishell Vargas (Ecuador).


LA VIUDITA

Por el año 1834 no se hablaba en Arequipa de otra cosa que de la Viudita, y se contaban sobre ella cuentos espeluznantes. La Viudita era la pesadilla de la ciudad entera.
Era el caso que, al lado del hospital de San Juan de Dios, había un chiribitil conocido como el de profundis porque en él permanecían durante doce horas los cadáveres de los fallecidos en el asilo. Siempre había allí un ataúd alumbrado por cuatro cirios, y los transeúntes nocturnos echaban una moneda en el cepillo o murmuraban un padrenuestro o un avemaría por el alma del difunto.


Pero en 1834 empezó a correr la voz de que, después de las diez de la noche, salía del cuartito de los muertos un bulto vestido de negro que tenía forma de mujer. Decían que salía en cuanto sentía pasos varoniles por la calle y que, con una linterna, iluminaba el rostro del transeúnte como quien hace un reconocimiento. Luego se volvía a esconder en el de

profundis.
Con esta noticia, confirmada por varios hombres que habían sufrido la inspección de la Viudita, nadie se sentía ya con hígado para pasar por San Juan de Dios después del toque de queda. Hubo más: un buen hombre, llamado don Valentín Quesada, que –a pesar de su nombre- no fue nada valiente y casi murió del susto.


En vano la autoridad dispuso la captura del fantasma, ya que no encontraron a nadie con el suficiente coraje para hacerlo. Los de la ronda no se aproximaban ni a la esquina del hospital, y cada mañana tenían que inventar una mentira para disculparse ante su jefe, como que la Viudita se les había vuelto humo entre las manos o cualquier paparrucha por el estilo. Con todo esto, el terror del vecindario iba en aumento.

Al final, el general don Antonio Gutiérrez de la Fuente, que era el prefecto del departamento, decidió no fiarse más de policías embusteros y cobardones, y enfrentarse personalmente con la Viudita. Así que, una noche, se embozó en su capa y se encaminó a San Juan de Dios. Cuando le faltaban pocos pasos para llegar al chiribitil mortuorio, se presentó el fantasma y le iluminó el rostro con la luz de la linterna. El general sacó su pistola y, avanzando sobre la Viuda le gritó:

-¡Ríndete o hago fuego!

El alma en pena se atolondró y corrió a refugiarse en el ataúd alumbrado por los cuatro cirios. El general entró en el mortuorio y echó la zarpa al fantasma, quien cayó de rodillas y, quitándose un rebociño que le cubría el rostro, exclamó: "¡Por Dios, señor general, sálveme usted!"

El general La Fuente, que tuvo en poco al alma del otro mundo, tuvo en mucho al alma de este mundo. ¡La Viudita era…, era… una lindísima muchacha!

-¡Caramba! –dijo para sí La Fuente –si todas las ánimas benditas del Purgatorio son tan preciosas como ésta, mándame Dios allá. Luego añadió, ya en voz alta:

-Tranquilícese, niña. Apóyese en mi brazo y véngase conmigo a la prefectura.

Ambos se perdieron por las callejas oscuras y nunca nadie volvió a ver al general ni a la Viudita.


Leyenda peruana aportada por Rafael Isai Roca (Bolivia). Dibujo de Clement Mbona (República del Congo)
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miércoles, 9 de febrero de 2011

CUENTOS Y LEYENDAS DEL MUNDO

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Los alumnos de 2º de la ESO han de familiarizarse con el género narrativo y sus subgéneros, como son el cuento y la leyenda. Para ello, han tenido que buscar narraciones típicas de sus países. La fuente tenía que ser preferentemente la familia (madres, abuelas, tías...) de no poder ser..., pues siempre queda Internet. Después, los alumnos se han intercambiado las narraciones y cada uno ha tenido que ilustrar la de un compañero. Hoy os empezamos a mostrar el resultado. Ya iremos publicando los demás.

LAS PRINCESAS DELICADAS

Había una vez tres princesas llamadas Susana, Juana y Ana que eran muy altas, guapas y sanas, y siempre estaban muy alegres y con ganas de jugar y divertirse. Sus padres, los reyes, estaban muy contentos con sus tres hijas porque nunca se ponían enfermas. Pero, de repente, un día, sin que nadie pudiese explicar la causa, las tres princesas se volvieron muy delicadas.

La princesa Susana, la mayor de todas, estaba paseando tranquilamente por el jardín del palacio, cuando unos pétalos de rosas la rozaron ligeramente en la cabeza, y la princesa cayó al suelo desmayada con un enorme chichón. Los médicos pudieron curarle aquel golpe, pero la princesa quedó delicada para siempre.
Otro día, la segunda princesa, Juana, se despertó con una gran herida en la espalda. Cuando buscaron la causa de la herida, descubrieron que había sido provocada por una pequeña arruga de las sábanas. Los médicos pudieron curar la herida, pero la princesa Juana quedó delicada para siempre.

Entonces los reyes, muy asustados, decidieron construir una urna de cristal para meter en ella a la princesa Ana, la más pequeña y hermosa de las tres princesas. En el salón más grande del palacio, los ingenieros reales construyeron en pocos días una enorme urna con las paredes y el techo de cristal. Dentro vivía la princesa y no la dejaban salir. Los reyes llegaron a pensar que a su hija pequeña no le iba a pasar nada y que no se haría delicada.
Pero un día entró en la urna un pequeño mosquito, y con el aire producido por el movimiento de sus alas se resfrió la princesa. Los médicos pudieron curar el resfriado, pero la princesa Ana quedó delicada para siempre. Todavía los reyes no se han puesto de acuerdo sobre cuál de sus hijas es la más delicada.

Aportado por G. A. (España). Dibujo de Azzadine Faress (Marruecos)

EL DRAGÓN DE CRACOVIA

Había una vez un castillo llamado Wawel, que se encontraba en Cracovia, a la orilla del Vístula. En él vivía un rey con su hija la princesa, y estaban aterrorizados por un dragón, cuyo nombre era… Bazyliszek. Este dragón vivía en una cueva al lado del castillo, y se comía a todo el que pillaba.


Pasado un tiempo, el rey organizó una batida contra el terrible dragón, y quien fuera tan valiente de matarlo, se casaría con la mismísima hija del rey. Caballeros de todo el mundo viajaron para vencer al terrible animal, pero, lamentablemente, todo el que se acercaba a la cueva del dragón era devorado por él. Hasta entonces, nadie había conseguido vencerlo.
Mientras tanto, en el pueblo había un joven y débil muchacho, que era zapatero, al que se le ocurrió la idea de que él podía matarlo. El pequeño zapatero fue al castillo y se presentó ante el rey y le dijo que él era capaz de vencer al dragón. La gente que lo escuchaba se reía de él, pero el rey, muy extrañado, le concedió el permiso.
El zapatero, de inmediato, se fue al mercado a comprar una oveja, la mató, le llenó la barriga de pólvora y la cosió. Al oscurecer, el joven zapatero dejó la oveja frente a la cueva del dragón y se fue.

Cuando ya era de día, al dragón Bazyliszek le entró apetito y salió de la cueva para buscar comida. Se encontró la oveja y de un gran bocado se la comió. Al animal le empezó a escocer la garganta y se fue corriendo a beber agua del río. Bebió y bebió hasta que… ¡bum!, reventó. Entonces el pequeño zapatero se casó con la princesa y vivieron felices para siempre.

Cuento aportado por Ewelyna Sega (Polonia). Dibujo de Rafael Isai Roca (Bolivia)
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lunes, 25 de octubre de 2010

NUESTROS ESCRITORES

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LA GAVIOTA Y EL GATO

Los alumnos de 2º E han tenido que continuar el fragmento de Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, de Luis Sepúlveda. Han salido algunas narraciones intersantes. Aquí tenéis una muestra.

Para los que no conocen la historia:

La gaviota Kengah se ha visto afectada por un vertido de petróleo en el mar. Con gran esfuerzo consigue llegar a tierra, donde se encuentra a Zorbas, un gato grande, negro y gordo que estaba tranquilamente tomando el sol. Kengah sabe que le queda poca vida, pero con sus últimas fuerzas pone un huevo y le hace prometer al gato que no se lo comerá, que cuidará del pollito cuando nazca y que le enseñará a volar. Zorbas lo promete y corre a buscar ayuda. La gaviota muere antes de que vuelva. A partir de ahí...

La gaviota todavía estaba con vida, pero como no se fiaba del gato, se hizo la muerta para ver si Zorbas intentaba comerse el huevo que estaba a su lado. Cuando llegó el gato vio a Kengah tirada en el suelo y el huevo a su lado, y pensó en comérselo. Se fue acercando poco a poco al huevo y cuando lo cogió con sus zarpas y abrió la boca, la gaviota se levantó y gritó. Esto asustó al gato y soltó el huevo, que cayó sobre una piedra, pero no pasó nada, aunque al rato se rompió la cáscara y salió el pollito. La gaviota se alegró mucho de poder ver a su hijo antes de morir. Zorbas le pidió perdón y Kengah lo perdonó, pero le dijo que cuidara de su hijo hasta que aprendiera a volar. El gato aceptó.

Pasado el tiempo, el pollito ya sabía volar y encontró una nueva familia. Zorbas y la gaviota habían muerto.

Azzadine Faress

Zorbas, al llegar con su dueño, vio que Kengah ya no estaba entre los vivos. El dueño del gato cogió la gaviota, la puso dentro de una bolsa y se la llevó. Zorbas, rápidamente, se dio cuenta de que había un huevito blanco con pintas azules. Al ver eso, se puso a llorar. Estaba muy triste por la muerte de Kengah. Zorbas estaba confundido, no sabía qué hacer con ese huevito, se hacía preguntas a sí mismo.

-¿Cómo le voy a enseñar a volar a este pollito? Yo ni siquiera sé volar.

Pasaron varios días hasta que nació el pollito. El pequeño sabía que Zorbas no era su madre, pero aun así lo quería como si lo fuera. El gato tenía a veces malos pensamientos, que eran comerse al pollito, pero debía resistir la tentación. Se acordaba de la promesa que le hizo a Kengah: “Cuidar del pollito”.

Zorbas no sabía volar, pero pasaba su tiempo libre observando cómo lo hacían los pájaros. El gato intentó enseñar al pollito. Le dijo: “Primeramente, debes tomar impulso y luego mover tus alas arriba y abajo, así sucesivamente”. El pollito intentó hacer lo que Zorbas le decía, pero no consiguió volar al primer intento, ni tampoco al segundo. El gato lo animaba a seguir intentándolo. El pollito cogió un impulso exagerado y a la vez movió las alas arriba y abajo como le decía, y se dio cuenta de que sus patas se estaban alejando del suelo.

Zorbas estaba contentísimo de que al final lograra volar. El pollito le dio las gracias por enseñarle y mientras le daba las gracias al gato, vio un grupo de gaviotas volando hacia el Sur. La pequeña gaviota decidió unirse a ellas.

El gato estaba triste y a la vez feliz, porque al final había cumplido la promesa que él le hizo a Kengah.
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Clement Samuel Mbowa
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Después de unos minutos, llegó Zorbas y vio a la gaviota tirada en el suelo y a su lado el huevo. Dijo el gato: “¡Kengah, Kengah!; pero no respondió. Zorbas tocó a la gaviota y no se movía.

-Kengah, Kengah, no te mueras, despiértate –le dijo mientras empezaba a llorar.

Luego cogió el huevo, se lo llevó a su casa y se puso a pensar qué podía hacer con él. Después de una semana, se empezó a romper el cascarón y salió un pollito. Zorbas lo cogió y le dio de comer. Cuando creció, el gato le enseñó a volar y así vivieron felices.

Mohamed El Moussaoui

A la gaviota se la llevaron y el gato se quedó con el huevo. Al día siguiente llegó la noticia de que la gaviota había sobrevivido. El gato fue al hospital a visitarla y se llevó el huevo. Kengah, muy orgullosa y emocionada, le dio las gracias al gato por no haberse comido el huevo y le pidió que se lo devolviera.

-No, este huevo es mío, yo le he dado la vida- le respondió Zorbas.
La gaviota se echó a llorar preocupada y grazó: “Por favor, pero si los gatos no ponen huevos…”. El gato la interrumpió: “Y tú qué sabrás”. Kengah se levantó de la cama y empezaron a pelearse por el huevo hasta que, ¡plaf!: el huevo cayó al suelo, el cascarón se partió en dos y salió un pollito a medias hecho. Los dos fueron a socorrerlo.

Pasaron los meses y el pollito, con los cuidados de su padre, el gato, y de su madre, la gaviota, creció y se formó bien. Con el paso del tiempo, Kengah y Zorbas se enamoraron, se casaron y vivieron felices para siempre.

Ewelina Sega

Después de un rato, llegó Zorbas y vio a la gaviota tirada como si estuviera muerta, y vio a su lado un huevo. Bajó corriendo.
-¡Kengah, háblame, responde, no te mueras! –dijo el gato. Y siguió hablándole, pero no respondía. Se puso a llorar y a llorar.
-¿Por qué se ha muerto? ¿Por qué, Dios?
Y Zorbas agarró el huevo y se lo llevó lejos, donde estuviera bien. Después de varios días, se empezó a romper el cascarón y salió el pollito diciendo: “¡Mamá, mamá!”. En eso, el gato vio una familia de gaviotas y les dijo si querían cuidar del pollito. Le contestaron que sí, y Zorbas les dio las gracias.

Rafael Roca

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