Mostrando entradas con la etiqueta Junio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Junio. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de junio de 2012

UN POEMA PARA JUNIO



LOS RECUERDOS ME MIRAN

Una mañana de junio es muy temprano
para despertar, mas tarde para dormir de nuevo.

Debo ir a la hierba que está llena
de recuerdos, que me siguen con la mirada.

No se ven, se mezclan plenamente
con el fondo, camaleones perfectos.
Tan cerca, que los escucho respirar
a pesar de que el trino de las aves es estridente.

Tomas Tranströmer

De este autor, Premio Nobel de Literatura 2011, dimos cuenta en su momento, así que, si os pica la curiosidad, podéis pinchar AQUÍ.

sábado, 4 de junio de 2011

NUESTRO TCHAIKOVSKY PARA JUNIO


Ya sabéis que Las estaciones de Tchaykovsky nos están acompañando durante todo el año. Sabéis también que os estamos ofreciendo una transcripción para orquesta, porque es la que tenemos. Pero la pieza dedicada a junio, Barcarolle, es quizá una de las más famosas y nos resistimos a no escucharla tal como la concibió su autor; así que hemos buscado una interpretación a piano. Había muchas, pero no nos ha sido muy difícil elegir al intérprete. ¿Quién mejor que un ruso para interpretar a Chaikovsky? Y no un ruso cualquiera, no; se trata de Sviatoslav Richter (1915-1997) uno de los mejores pianistas del siglo XX.

El vídeo no tiene imágenes (sólo un retrato de Richter), pero esta música no las necesita. Cerrad los ojos mientras la escucháis y soñad.




miércoles, 1 de junio de 2011

POEMA PARA JUNIO - HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ

Ya sabéis que nos hemos propuesto homenajear a Miguel Hernández durante todo el año abriendo cada mes con un poema suyo. Hasta ahora lo estamos consiguiendo, aunque es posible que nos falte algún mes de los que nos quedan. De momento, no encontramos poema para julio. Si alguien lo encuentra que avise.




















DIARIO DE JUNIO-interrumpido

Día uno. Cae un agua sobre el huerto
justa como un anillo.
Aún predicaron cuernos
caracoles en púlpitos de lirios.

Día dos. Húmedos, alzan los claveles
su pompa genuflexa
pensando olor: los hueles
por ponerte bigotes de belleza.

Merman azul del todo, en averío,
canos de cuando en cuando.
Rosa mayor de edad, has acudido
a vigilar tus bandos.

Día tres. Dan en el huerto, para nadie,
sin ti dentro, las horas.
Sola en el árbol puesta, sabe el ave
lo grata que es la sombra.

Día cuatro. Entre el romero a lo celeste
con la flor enmelada,
oyes caer madureces
por exceso de punto suicidadas.

Junio. Me duele el sexo como un diente…
Busco, de trecho en trecho,
por deshonrar tu nieve,
la regalada llaga de tu sexo.

Tu seno, si jornal de mis amores,
socio es de mi cariño,
esclavo de su remo galeote
nutrido de vacío.

Las eras van en torno de los trillos,
las parvas de las eras:
¡todo!, norias, anillos, plazas, ríos,
dan vueltas a las vueltas.

Anuncian los festejos las paredes
con mil gallos jarifos.
Asocia el amor plumas brevemente,
el fruto, el baño niños.

Día quince. Estás en tierra, sublevada
contra las verticales,
y el limonero en pleno que te ampara,
volúmenes te añade.

Bajo la higuera, don de la lujuria
tiene sus potestades,
cotejo, sin andar yendo en tu busca,
higos como genitales.

Pasa la siesta resumiendo chinas
sobre la flor del chumbo,
que amenazan violar dentadas pitas
con ademán seguro.

Chorrean las navajas, se dilatan
las lenguas de los perros;
-cachicuerna y sangrienta, está olvidada
su funda en el pimiento.

Se nutren los chiqueros de bravura,
los toreros de macho,
si las plazas de círculos y curvas,
si los cuernos de espacio.

Día veintidós. Solsticio, Vas buscando,
sin hallar, las cigarras,
presentidas por todo entre los pámpanos
de verdura enviudada.

Diciendo a los deseos: ¡ea!, ¡ea!,
repica todo seno.
Los rostros manifiestan
la expresión de morir que deja el beso.

Día veinticuatro. Está la sombra borde
rampante de oro en uñas.
Anda la más caliente y breve noche
sanjuán pintando uvas.

Artificiales esplendores turban
en redentoras cañas,
el de la estrella, caminando en busca
del trueno que los mata.

El trébol de tres hojas los pastores
cogen por la ladera,
remitiendo honda y piedra a lana y monte
y amor a Galatea.

La madrastra del higo, breva y dulce,
su luto condecora
con la interior blancura que la cubre,
por tanto arrope rota.

Día treinta. Requerida por los mares,
¿por cuántas, cuántas arduas tornalunas?
abandonas al huerto, a mí, vernales,
reintegrándote venus a la espuma.

Miguel Hernández

martes, 1 de junio de 2010

UN POEMA PARA JUNIO

.
Ahí va nuestro tradicional poema mensual. Esta vez le toca al poeta mexicano Octavio Paz (1914-1998). Ya hablamos de este gran poeta en otro lugar de este blog, así que ya sabéis, buscad en las etiquetas de la derecha si sentís curiosidad.



JUNIO

Bajo del cielo fiel Junio corría
arrastrando en sus aguas dulces fechas…
Llegas de nuevo, río transparente,
todo cielo y verdor, nubes pasmadas,
lluvias o cabelleras desatadas,
plenitud, ola inmóvil y fluente.
Tu luz moja una fecha adolescente:
rozan las manos formas vislumbradas,
los labios besan sombras ya besadas,
los ojos ven, el corazón presiente.
¡Hora de eternidad, toda presencia,
el tiempo en ti se colma y desemboca
y todo cobra ser, hasta la ausencia!
El corazón presiente y se incorpora,
mentida plenitud que nadie toca:
hoy es ayer y es siempre y es deshora.

Octavio Paz
.

lunes, 1 de junio de 2009

UNA POESÍA PARA JUNIO

.
NOCHES DEL MES DE JUNIO
A Luis Cernuda


Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve) porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.

Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.

Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.

Jaime Gil de Biedma


JAIME GIL DE BIEDMA
(1929-1990)

Jaime Gil de Biedma nació en Nava de la Asunción (Segovia) en el seno de una familia burguesa que se trasladó a Barcelona. Estudió Derecho y ocupó un alto cargo en la Compañía de Tabacos de Filipinas. Pero la contradicción anidaba en él: sus simpatías con el marxismo y su homosexualidad distorsionaban la imagen del perfecto burgués que le había deparado el destino. Quizá la Literatura le salvó del abismo (o no).
Leyó y amó la poesía anglosajona, a Baudelaire, la literatura medieval y –sobre todo—al poeta Luis Cernuda. Volcó todas esas pasiones en su poesía, que se caracteriza por una vuelta a la racionalidad y un alejamiento del Surrealismo y de sus imágenes innecesarias. Es un rasgo generacional que comparte con otros poetas de los 50. La poesía se hace contemporánea y más cruda, pero no pierde ni un ápice de su sentido poético. Estamos ante la llamada “poesía de la experiencia”.

En sus obras de los años cincuenta y sesenta van a alternarse los temas “sociales” (denuncia de la hipocresía, denuncia de la miseria del sistema capitalista, la España oprimida o la discriminación de la mujer) con la poesía amorosa cargada de erotismo: Compañeros de viaje (1959), A favor de Venus (1965), Moralidades (1966), Poemas póstumos (1968).

En los años setenta sufre una crisis. Impregnado de nihilismo y desesperanza, reniega de la incapacidad del pueblo español para cambiar su historia y del conformismo que impregna todos los sectores de la sociedad (estamos en la época de la transición). En su poesía, pasa del “nosotros” al “yo” y se cuestiona su propia vida: él mismo se veía atrapado en la apatía y el conformismo burgués que tanto odiaba. Prácticamente abandonó la escritura. Falleció el 8 enero de 1990. Fue, sin duda, un gran poeta.
Lola Sevila
.