miércoles, 16 de mayo de 2012

LA NUEVA PROSERPINA

En la asignatura de Latín de 4º de la ESO han hecho una reinterpretación de los mitos clásicos. Aquí tenéis una muestra: una reinterpretación del rapto de Proserpina. 

Proserpina de Leighton

Sara es una encantadora señorita muy joven. Hermosa como las rosas y pura como el agua cristalina. Era la hija de un poderoso magnate llamado Tomás y una señora de alto standing de nombre Socorro. Sara tenía una belleza celestial, una belleza nunca vista. Por lo tanto, atraía a los hombres con mucha facilidad, aunque nunca tomó su cualidad o defecto, por así llamarlo, para beneficio propio. Sara no era  hija única, tenía dos hermanas más, Elena y Bárbara. Ambas muy diferentes de  ella.

Todo lo que rodeaba a esta joven se hacía cada vez más hermoso: naturaleza, fauna… La belleza de esta muchacha, sin ella saberlo, la llevaría al peor de los lugares y con el consentimiento de su padre, que más tarde, se daría cuenta.

Un día Sara, Elena y Bárbara estaban en un lago, lago que estaba incluido en los inmensos terrenos de la finca familiar, aunque muy apartado de la casa. Las tres muchachas habían salido a navegar. Convencida por sus dos hermanas, Sara había accedido, sin pensar que ese “grato paseo” se iba a convertir en su peor pesadilla. Elena y Bárbara emprendieron su navegación, dejando a ésta en tierra, ya que a la muchacha le encantaba la naturaleza y había salido a buscar hermosas flores para decorar su hogar.

 Sara tenía un pretendiente bastante mayor que ella: su tío Jorge, quien millonario, solitario y muy confiado, pretendía a Sara. Caprichoso, anhelaba tener entre sus brazos a aquella muchacha hermosa, joven y pura. A Socorro, su madre, no le hacía gracia que su cuñado estuviera pretendiendo a su adorada hija menor. Aprovechando que la madre no estaba, y con ayuda de su hermano, Jorge logró quedarse a solas con la joven y le declaró una vez más su anhelo y deseo de estar con ella, pero Sara con pudor se quiso retirarse. El hombre, ya cansado de que la muchacha lo rechazase, la cogió a la fuerza, le tapó la boca y, aprovechando la soledad del lugar, la raptó y se la llevó a un lugar paradisíaco, a un lugar hermoso. Allí le pidió mil veces disculpas a la joven, y como muestra de arrepentimiento, le ofreció un zumo hecho con las frutas más espléndidas y jugosas que existen, servido, claro está, en una copa de oro.La muchacha bebió de esa copa, sin saber que tenía droga y cayó desmayada, lo que aprovechó su tío para violarla.

Socorro se dio cuenta de que su hija no estaba con sus hermanas, que habían dicho la habían perdido de vista cuando tomaron el barco. Desesperada, buscó por todos los  lugares  donde creía que podía estar su hija. Pero pasaron las semanas y la muchacha no aparecía. La madre, desesperada, cayó rota en llanto, sin fuerzas y con el alma hecha pedazos, convencida de que no volvería a ver a su pequeña. Tomás, al ver a su fiel y amada esposa destrozada, se arrepintió de haber ayudado a su despiadado hermano y decidió contarle toda la verdad. Socorro le exigió a Tomás que le devolviese a su hija, porque era sólo una niña y no era justo que estuviera con un hombre tan mayor y, sobre todo, contra su voluntad.

Tomás, no pudo soportar más su culpa y, haciendo caso a su mujer, decidió hablar con su hermano y exigirle que le devolviese a su hija. Jorge se negó rotundamente, ya que la joven había perdido su más preciado honor con él, y esto quería decir que por ella le pertenecía y estaba obligada a ser su mujer. Tomás, hecho una furia, salió en busca del lugar donde Jorge tenía oculta a Sara. Transcurrido el tiempo y sin fuerzas, el hombre, comprendiendo que su hermano no accedería jamás a devolver a Sara y que su mujer moriría de dolor si no le devolvía a Sara, decidió tomar una decisión: hablaría con su mujer y con su hermano para, al menos, llegar a un acuerdo.  Tomás les propuso a ambos que la joven pasase medio año con cada uno; así no habría problemas y su querida esposa saldría de su depresión. Era la única forma en la que aquella madre podría volver a con su pequeña, así que, finalmente, accedió.

Así ha pasado el tiempo. Cada medio año, Socorro vuelve a su felicidad y la casa se llena de alegría y risas. Por otro lado, Jorge queda solitario, esperando a que transcurra el tiempo rápido para volver a estar con su amada.

Diana Isabel Arcos   4º B