miércoles, 28 de marzo de 2012

LENGUA Y CINE - INTRODUCCIÓN

Es curioso, cuando nació el cine como espectáculo, fueron muchos los que auguraron que acabaría con el teatro. Hubo algunos momentos en que pareció que los agoreros tenían razón, pero estamos asistiendo a un resurgir del teatro: algunas salas cinematográficas se están convirtiendo en teatros. En Madrid hay todavía mucha gente que va al cine, pero su número desciende año tras año; en muchos pueblos y capitales de provincias las salas de cine son ya un recuerdo. Bueno, no nos pongamos apocalípticos, el cine no está muriendo, muere la forma de verlo, de llegar al público, pero las historias están ahí –buenas y malas- y la gente las sigue viendo y viviendo.

Pero nosotros vamos a hablar de cuando el cine era la principal fuente de distracción de este país, de cuando el cine era una ventana al mundo, cuyos cristales a veces velaba la censura. Todo lo que allí salía se convertía en modelo, sobre todo lo que tenía que ver con la moda. Recuerdo que mi madre me contaba que había ido con su padre a ver varias veces la película Cómo casarse con un millonario (Jean Negulesco, 1953) porque ella quería hacerse una falda co
mo una que llevaba Lauren Bacall y a mi abuelo, que era ebanista, le habían encargado unas sillas como unas que salían en la película.



Tres imágenes de la película Cómo casarse como un millonario. En
la de la izquierda aparece Lauren Bacall con la falda que copió mi
madre y la silla que le encargaron a mi abuelo.


Muchas formas de vestirse, de peinarse, de decorar las casas llegaron a través de las pantallas, pero también llegaron las palabras y expresiones para nombrar todas esas novedades. Algunas se han quedado en nuestra lengua; otras sólo han estado por un tiempo. A esas palabras vamos a dedicar esta sección de lengua y cine. Irán apareci
endo de vez en cuando. Empezamos hoy con las SABRINAS. Dentro de un rato os lo contamos.

María Moulinex