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sábado, 25 de diciembre de 2010

CANT DE LA SIBIL.LA

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Hace pocas semanas, la UNESCO declaró tres manifestaciones culturales españolas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad: el flamenco, los castells catalanes y el Canto de la Sibila. El flamenco todo el mundo lo conoce; los castells son esas torres humanas que se realizan en muchos pueblos catalanes, alguna vez los habréis visto por la televisión; el Canto de la Sibila..., bueno, quizá es lo menos conocido.

Como se trata de una representación litúrgica que se realiza justo en la misa del gallo, hemos pensado que hoy es el día ideal para explicaros qué es el Canto de la Sibila.


Hay que empezar desde muy atrás. Las sibilas eran seres semidivinos a quienes Apolo otorgó poderes adivinatorios, lo que les permitía predecir acontecimientos futuros. Al menos eso creían los griegos y los romanos.

El prestigio de estas profecías se mantuvo en los primeros años del cristianismo e incluso se intentó establecer lazos de unión con la tradición pagana. Por ejemplo, el poeta latino Virgilio (70-19 a. C.), en su obra Bucólicas (IV, 4-7), atribuye a la sibila Cumana la siguiente profecía referida al final de los tiempos: "He aquí que recomienza el gran orden de los siglos. Ya vuelve también la virgen, vuelve el reino de Saturno. Una nueva generación desciende desde lo alto de los cielos"; y los cristianos la interpretaron como una premonición de la venida de Cristo para el Juicio Final.

Durante la Edad Media se leía la víspera de Navidad una homilía (tradicionalmente atribuida a San Agustín) que hablaba del Juicio Final, mezclando textos del Antiguo y el Nuevo Testamento, pero también de autores paganos como Virgilio. Ahí se recogían los versículos del Judicii signum que Constantino había pronunciado en el concilio de Nicea del 325. Ese texto será la base del Canto de la sibila que va a ejecutarse a partir del siglo X durante los maitines de Navidad en Francia, Italia, Castilla y el Reino de Aragón. Posteriormente, esos textos serán traducidos a las lenguas romances para acercarlos al pueblo, tal como aconsejaba el concilio de Tours (813).

Se conservan, por lo tanto, textos del Canto de la Sibila en latín, en provenzal y en catalán, pero la representación sólo se ha conservado en algunas zonas del antiguo reino de Aragón, concretamente en Mallorca y en la ciudad de Alguer en Cerdeña, aunque ya en el siglo XX se ha recuperado la representación en algunas ciudades catalanas y valencianas.

Lo que hace que sea maravillosa esta representación es precisamente el haberse mantenido durante siglos y siglos, a pesar de que el concilio de Trento, en el siglo XVI, prohibió expresamente cualquier tipo de representación en las iglesias.

El texto está lleno de dramatismo, y nos habla del fin del mundo y del Juicio Final con imágenes llenas de fuerza: fuego celestial, terremotos, eclipses de luna y de sol..., pero deja abierta la esperanza de una nueva vida para los justos.

La representación comienza en la entrada de la iglesia, donde aparece el personaje de la Sibila acompañada por dos o más monaguillos. El grupo se adelanta hasta el presbiterio. La Sibila suele ir vestida con una túnica blanca, una capa y una gorra, y lleva una espada que mantiene erguida delante de la cara todo el tiempo del canto; y con ella dibuja una cruz en el aire al finalizar.

La ejecución del canto solían realizarla los clérigos, pero posteriormente fueron sustituidos por un niño. Actualmente también la realizan niñas o mujeres.

La música era en principio una melodía gregoriana, pero se fueron introduciendo variaciones propias de la tradición oral. Sólo en el siglo XIX, con el interés de los románticos por el folclore popular, se transcribirán en partituras las diferentes versiones conocidas.

En fin, no os queremos cansar con más erudición, aunque sabemos muchas más cosas. Quizá la representación más conocida es la de la misa del gallo de la catedral de Palma de Mallorca. Si alguna vez pasáis por allí por estas fechas, no os la perdáis. Mientras tanto, podéis ver un vídeo muy ilustrativo.


Ahora toca un vídeo de cosecha propia. Se trata de la grabación -ya por profesionales- del Cant de la Sibil.la. Es sólo un fragmento, porque es muy largo, pero esperamos que os guste. Lo hemos ilustrado con muchas imágenes de sibilas, de la Apocalipsis, etc.


Mientras llega o no el Juicio Final, disfrutad de la vida. Un beso a todos y feliz Navidad.

miércoles, 6 de mayo de 2009

MÚSICA Y POESÍA A LO LARGO DE LA HISTORIA/2

MÚSICA Y POESÍA EN LA EDAD MEDIA



La creencia de que la palabra acompañada de música ejerce una especial influencia sobre las almas, no siempre positiva, es heredada por los teóricos romanos y más tarde, por los Padres de la Iglesia, quienes se afanan en restringir a la mínima expresión el papel de la música dentro de la liturgia católica. No será hasta el despertar de la canción profana medieval que la poesía y la música recobren el potencial expresivo del que hubieron de gozar en épocas pasadas. Aunque existen importantes precedentes, esta revitalización de la canción profana vino de manos de trovadores y troveros, los grandes poetas de los siglos pleno medievales. La mayoría de las canciones trovadorescas son de temática amorosa.


Pero el amor del trovador está condenado de antemano al fracaso, pues la dama a la que canta suele ser una mujer ya casada, inalcanzable para él, que ha de consolarse narrando sus penas al público congregado para escucharle:

En mayo, cuando los días son más largos,

me es grato el dulce canto de los pájaros lejanos,

y cuando me marché de allí,

recordaba un amor lejano.

Voy de talante enojado y deprimido,

por lo que canto, ni flores de espino blanco

me gustan más que el invierno helado.

Bien tengo al Señor por veraz,

y por ello veré el amor de lejos.

Pero por un bien que recibo, tengo dos males,

tanto me es lejano.

¡Ah! Si yo fuese allí peregrino,

para que mi bordón y mi sayo

fuesen de sus bellos ojos admirados.

Jaufré Rudel

Sin embargo, aunque los trovadores solían ceñirse a los convencionalismos del amor cortés, idealizado y contemplativo por definición, también había lugar para una concepción del amor mucho más inmediata y carnal, como la que Adam de la Halle da en esta conocida canción perteneciente al Jeu de Robin y Marion:

Robin me ama, Robin me tiene,

Robin me ha preguntado si me puede tener.

Robin me quitó la falda de color escarlata

Buena y bonita, mi body y mi liguero. ¡Hurra!

Robin me ama, Robin me tiene,

Robin me ha preguntado si me puede tener.

El siguiente vídeo recoge música profana medieval:


Inés Carreras

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